educación

Leer es bueno, pero hacerlo con criterio es lo ideal

Leer es bueno, pero hacerlo con criterio es lo ideal

La lectura crítica es una habilidad muy necesaria en esta época de noticias falsas y posverdad.

Por: Simón Granja
06 de mayo 2018 , 12:10 a.m.

¿En qué piensa cuando lee la palabra ‘vaca’?
Si usted vive en la región Andina (en Bogotá, por ejemplo), es probable que se imagine a un animal de manchas blancas y negras. Pero si usted habita en la costa Caribe, es probable que la imagen que llegue a su cabeza sea la de un cuadrúpedo con joroba, de color pardo, quizá de la raza cebú.
Esta es la forma como Luis Ernesto Ramírez, fundador de la academia Lees, explica cómo las imágenes que el cerebro crea dependen del contexto de cada persona.El experto, que desde hace años utiliza diversas técnicas para enseñar a leer y escribir correctamente, subraya que la comprensión lectora y la lectura crítica están relacionadas con ser conscientes del proceso mental que ocurre cuando leemos.

Si usted tiene consciencia de que interpreta los textos según su propia forma de ver la realidad, empezará a leer de una manera más profunda. ¿Y para qué sirve esto? Para muchas cosas. En primer lugar, diversas investigaciones aseguran que leer a consciencia es una manera de expandir el horizonte de vivencias y, por lo tanto, ayuda a que las personas sean más tolerantes. En otras palabras, leer mejora la capacidad de entender a otras personas.
Un ejemplo: puede que usted nunca haya vivido con una persona invidente. Sin embargo, si lee una historia bien escrita, que logre ponerlo en el lugar de alguien que vive esa situación es probable que empiece a ser más empático con las personas que enfrentan esta discapacidad.

Pero esa no es la única ventaja de leer de manera crítica. Otra es que los países ya no miden tanto su grado de desarrollo por el tamaño de sus ejércitos o el ingreso ‘per capita’, sino mediante índices de avance social. Y entre estos está la lectura, que ocupa un lugar primordial en el grado de educación de una sociedad, como recoge el documento ‘El libro y la lectura en Colombia’, publicado por la Cámara Colombiana del Libro.

Pero hay un problema: los colombianos leemos poco. No faltará quien diga que la Encuesta Nacional de Lectura 2017, la primera que hace el Dane y cuyos resultados fueron divulgados hace unos días, contradice esta premisa con su prometedor promedio de 5,1 libros leídos por persona.
El ‘quid’ del asunto es que el estudio estatal se refiere a las personas “que leyeron libros”, lo cual descarta a los que no leyeron. Para Julián de Zubiría, rector del Colegio Merani, no es lógico sacar estadísticas sobre cuántos libros leyeron los colombianos quitando a los que no leyeron ni un solo libro (esa cifra, la de cuántos no leen absolutamente nada, es igual o más importante).

Pero más allá de esa aclaración, en la encuesta del Dane hay datos muy importantes. Ante la pregunta ¿usted consulta las cifras o recomendaciones del texto?, 7.765 de los 42.346 entrevistados dijeron que sí, mientras que 34.561 respondieron que no. ¿Participa en foros o clubes de lectura? Sí: 1.557; No: 40.769. ¿Consulta diccionarios? Sí: 12.277; No, 30.049.
Y hay otro resultado igualmente interesante. ¿Realiza alguna actividad adicional al mismo tiempo que lee? 6.757 dijeron que sí: 1.512 ven televisión, 3.111 escuchan música, 550 comen…
Sí, según los datos del Dane, ahora los colombianos leen 5,1 libros al año. Pero, ¿qué tan bien lo están haciendo? ¿Lo hacen de una forma crítica? Si nos remontamos a los resultados de las pruebas educativas Pisa, es evidente que no. Por ejemplo, el porcentaje de los estudiantes que comprenden bien un simple párrafo es mínimo. O sea que –aunque ha mejorado en los últimos años–, la comprensión lectora sigue siendo de muy bajo nivel.
Ramírez y De Zubiría lo reafirman: falta mucho para que los colombianos lean bien, comprendiendo, interpretando, siendo críticos. Y la importancia de que lo hagan, además de lo visto hasta ahora, es que la lectura crítica desarrolla el pensamiento crítico y la capacidad de decisión, y esto es fundamental para una democracia más fuerte.
En su texto ‘Lectura crítica, ética de la comunicación y principios de la democracia’, Fabio Jurado Valencia, doctor en Literatura y profesor de la Universidad Nacional, explica que, como la interpretación está mediada por los puntos de vista de cada uno, se espera que –aun cuando a veces converjan– haya diferentes grados de divergencia.
“Reconocer los puntos de vista contrarios como una representación natural en la comunicación es vivir en los principios de la democracia y comprender las características de la ética en una comunidad”, afirma.
Reconocer los puntos de vista contrarios como una representación natural en la comunicación es vivir en los principios de la democracia y comprender las características de la ética en una comunidad

Contra las noticias falsas
Con el auge de las noticias falsas es fundamental fortalecer el pensamiento crítico frente a internet y los diversos medios de comunicación. “Los ciudadanos jóvenes parecen vulnerables frente a noticias de mala calidad u orientaciones ideológicas poco explícitas”, concluyó al respecto la investigación ‘Pensamiento crítico de los jóvenes ciudadanos frente a las noticias en Chile’, de la ‘Revista Científica de Educomunicación’. Por eso, el texto académico asegura que desarrollar el pensamiento crítico es un desafío educativo clave.

Para Luis Ernesto Ramírez, leer y escribir bien implica disfrutar ambas actividades. Si alguien se apasiona por la lectura y la escritura, argumente, muy probablemente lo hará con criterio.
Y estas cosas no las creen solo los expertos en estas materias. Manuel Quijano Narezo, un reconocido cirujano de la Universidad Autónoma de México (Unam), aseguró en uno de los editoriales de la revista de medicina de esa institución que leer es siempre el mejor antídoto del aburrimiento.

“Aunque no sea una herramienta indispensable para el éxito en cualquier actividad, es siempre una fuente de información y conocimiento, nos da una versión de la historia de cualquier materia (…). Consecuentemente, siembra en el pensamiento preguntas y dudas, y nos saca del dominio de la inocencia y la placidez, nos vuelve suspicaces, inquisitivos e inconformes, creativamente inconformes y libres –escribió el doctor–. Y esto es valiosísimo, sobre todo en estos tiempos de exagerado pragmatismo, banalidad y sometimiento a los dictados de la moda. Recordemos que, desde Descartes, el mejor método de pensamiento, el enfoque adecuado al emprender cualquier avance, es la duda”.

 

 

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Siete claves para tener hijos exitosos

Revista Semana

Siete claves para tener hijos exitosos

El miedo de los padres al fracaso y al sufrimiento de sus niños cada vez es más grande. Estos son los principales errores que se comenten en la crianza y la forma de superarlos.

1. Coma en familia:

Compartir el desayuno, el almuerzo o la cena es un punto de encuentro importante para las familias. Sin embargo, el agitado ritmo del siglo XXI ha hecho que este momento cada vez sea más escaso o que se haga de afán. Un estudio, realizado con cerca de 15.000 estudiantes de colegio y publicado en la revista BMC Research Notes, mostró que en las últimas dos décadas ha disminuido el porcentaje de niños y adolescentes que cenan con sus padres. Otra investigación publicada en JAMA Pediatrics reveló que solo el 30 por ciento de los adolescentes comen al menos siete veces por semana con sus familiares.

Lo anterior estaría afectando el núcleo familiar, pero, sobre todo, el rendimiento académico de los hijos pues cada vez es más sólida la evidencia científica que relaciona comer en familia con el colegio. Se estima que el 40 por ciento de los niños y adolescentes que lo hacen obtienen calificaciones excelentes y dedican más horas a leer y hacer tareas, mientras que quienes comen menos de tres veces a la semana con su familia tienen el doble de riesgo de tener bajas calificaciones escolares.

2. Evite tratarlos como “reyes”

El libro The Collapse of Parenting, escrito por Leonard Sax, generó toda una polémica en Estados Unidos. El sicólogo señala que los padres han perdido autoridad y hoy parecen más grandes amigos que padres. Por eso, se les llama papás BFF, sigla de ‘Best friends forever’, que traduce mejores amigos para siempre.

Para él, los papás colapsan en el oficio de criar cuando, para no polemizar con ellos, les dan rienda suelta a los hijos y les permiten de todo: comer pizza al almuerzo, irse a dormir a las once de la noche, ver televisión sin horario, no comer en familia. Todo esto sucede porque los padres están confundidos con su papel. “Hoy todo es una pregunta que lleva a que ellos tengan el poder de decisión: ¿crees que debes comer brócoli? o ¿piensas que es hora de ir a dormir?”.

Otra de las fallas de los padres de hoy, en opinión de Sax, es que les ruegan demasiado para que sus hijos hagan algo, como cuando les piden el favor de que se vayan a dormir, dejen de hacer ruido o los acompañen a una diligencia. Para Sax, pedir el favor es regalarles autoridad, algo que no se debe conceder. En un estilo de crianza sano una orden de los padres debería ser definitiva.

3. No sea sobreprotector ni intenso

La psicóloga clínica Madeline Levine publicó el libro Teach your children well, en el que critica duramente a los padres que tienen una visión del éxito basada solo en puntajes, trofeos y resultados, y dejan a un lado el bienestar y la autonomía de sus hijos. Cuenta que una señal inconfundible de los padres obsesivos aparece cuando hablan en plural sobre los proyectos de sus hijos, como por ejemplo, “estamos aplicando a la Universidad de Columbia”.

Según el psiquiatra infantil Germán Casas, esta tendencia existe en todo el mundo y es producto de las exigencias de la sociedad de consumo. “Es un fenómeno sociológico y se caracteriza por padres que creen que sus hijos deben tener competencias excepcionales, porque de lo contrario van a fracasar en la vida”, dice a SEMANA.

En su libro, Levine cita el trabajo científico de Carol Dweck, que demostró que los padres sobreprotectores no crían niños más motivados y exitosos. Quienes logran esos resultados son los padres que establecen expectativas altas pero respetan la autonomía del niño.

4. No les resuelva sus problemas

Julie Lythcott-Haims, abogada de la universidad de Harvard, escribió un libro que se volvió un fenómeno en Estados Unidos: How to Raise an Adult: Break Free of the Overparenting Trap and Prepare Your Kid for Success. En este la tutora de la Universidad de Stanford señala que uno de los problemas que más detecta en los nuevos estudiantes es la incapacidad de resolver sus problemas, en general porque sus padres siempre habían estado ahí para hacerlo.

El fenómeno no es ajeno a la realidad colombiana. La psicóloga María Elena López afirma que en general sí existe “una tendencia de los padres a mantener una atención de vigilancia permanente sobre los comportamientos de sus hijos, orientándolos hacia lo que deben pensar, sentir y hacer”, dijo a SEMANA. Esto se debe a que los papás tienen mucho miedo de que sus hijos sean vulnerables a nivel emocional. “Temen que la adversidad los tire a la lona”, dice López.

Y es que cada vez es más delgada la línea que separa la adolescencia de la adultez, pues muchos jóvenes entre los 18 y 22 años todavía no están preparados para moverse solos por el mundo. “El término que uso para referirme a ellos en el libro es ‘existencialmente impotentes’, que significa que los niños con papás sobre protectores no tienen lo que necesitan para ser independientes”, dice Lythcott-Haims.

5. Asígneles tareas

Diversos estudios han demostrado que tienen más posibilidades de ser exitosos los niños a quienes se les exige más. “Si los niños no lavan los platos en donde comen, eso significa que alguien está haciéndolos por ellos”, asegura Julie Lythcott-Haims, ex decana de la Universidad de Stanford en un famoso TED Talk. Para ella, esa lección de que sus deberes pueden ser resueltos por un tercero es en extremo nociva para el aprendizaje.

Para ella los valores esenciales para tener éxito en la vida laboral se desarrollan en la primera infancia. Así, los niños con las tareas del hogar aprenden a ser responsables y a sentir que pertenecen a un equipo.

6. No los maltrate

Muchos padres aún utilizan las palmadas y castigos físicos como método de educación. Pero un nuevo estudio reitera que dicho hábito, en lugar de formar, resulta contraproducente para el desarrollo de los pequeños.

Investigadores de las universidades de Texas y Michigan, en Estados Unidos, analizaron datos de 160.000 niños y encontraron que los que recibieron nalgadas son más propensos a desarrollar problemas cognitivos, rasgos antisociales, desórdenes de salud mental y baja autoestima en la edad adulta. Y, por el contrario, no encontraron evidencia de que los azotes tengan efecto positivo alguno. Por eso recomiendan a los padres buscar otras formas de impartir disciplina. El estudio apareció en Journal of Family and Psychology.

7. Compre menos cosas y regale más tiempo

El exceso de juguetes y cosas materiales hace que los niños no desarrollen tan bien su imaginación como podrían. La mayoría de personas adultas recuerdan con nostalgia su niñez pues estaba llena de actividades en grupo y camaradería, pero esto se ha perdido en sus hijos.

Los investigadores alemanes Rainer Strick y Ele Schubert realizaron un experimento que consistió en retirar todos los juguetes de un salón de clases y dejar solo mesas y sillas. Después del aburrimiento inicial, los niños incorporaron estos elementos a sus juegos y terminaron inventando actividades con esos objetos.

Además de estimular su imaginación, en esta práctica los niños también aprenden a ser recursivos, pues tienen que resolver el problema de jugar con pocos materiales y objetos a la mano. Por eso también terminan aprendiendo el valor de la perseverancia y el reto que implica descifrar juguetes sobre los cuales no conocen su funcionamiento. Si el menor tiene múltiples opciones no se tomará el trabajo ni tendrá la paciencia de descubrir qué hay detrás de ese objeto desconocido.

Cuando un niño tiene un sin fin de alternativas para divertirse sus periodos de atención son muy cortos. Como siempre hay un juguete nuevo en línea de espera, los jóvenes no valoran el momento del juego y en cuestión de minutos pasarán a otro objeto. Por eso es muy común que, luego de la emoción inicial, los niños descarten y olviden los juguetes que pidieron insistentemente. Siempre será mejor compartir con ellos que llenarlos de cosas.

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